“Sargazo es otra de las historias que tiene Ensenada, gastronómicamente hablando. Es de un amigo (Pablo Ferrer) que inició junto con toda esta generación de cocineros de mi edad, quienes tuvimos la oportunidad de comenzar todo este movimiento culinario”. La historia tiene que ver, además de con el virtuosismo de cada uno, con el hecho de estar en el lugar y en el momento adecuado. La filosofía de Sargazo marida con la de Plascencia en la manera en la que tratan al producto: el respeto que le tienen, desde la pesca hasta el embalaje.

“Eso para mí es bien importante, pues es amor y pasión por lo que hacen. Eso se nota cuando lo presentas a tu cliente en la mesa. Siempre ofrecen una calidad increíble y pues, sí, me inspiro mucho al llegar aquí y ver en los tanques a los abulones, las almejas, los ostiones, los atunes…”, afirma contundente mientras levanta una langosta.

Sargazo es un proveedor del negocio de Plascencia, sobre todo en Finca Altozano, el proyecto que define como su hogar. El 90% de los productos que usan en el restaurante campestre proviene de ellos y los considera como parte de la familia Altozano.

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